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Luis Yanza y Pablo Fajardo desafiaron a una gigante

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En esta, la provincia del “oro negro”, se libra una de las batallas ambientalistas más importante de la actualidad: El caso contra ChevronTexaco. Sus líderes son Luis Yanza y Pablo Fajardo, dos hombres que llegaron al Oriente ecuatoriano en aquella época en que Sucumbíos era casi el equivalente a la “Madre Patria” de los actuales migrantes.

Texaco, actualmente Chevron, cuando llegó del lejano oeste, Texas, y se convirtió en la empresa que bautizó a la capital de la provincia con el nombre de la misma localidad donde nació: Sour Lake, que en español se traduce “Lago Agrio”.

La petrolera llegó en 1964 aunque el área empezó a verse afectada en 1972, cuando Fajardo nacía en Manabí y el azuayo Yanza ya había cumplido 10 años. Y se fue en 1992 después de que, según ambos, habían convertido el oro negro en divisas verdes, y más de 2.735 km2 de selva verde en masa tóxica y negra. 

Por eso ahora en los tribunales enfrentan a Chevron para que cancele, en primera instancia, 16 mil millones de dólares,  para enmendar el daño ambiental, pero que para Fajardo la empresa debe pagar al menos 21 mil millones.

La batalla se inició en 1993 al crearse el Frente de Defensa de la Amazonia que tiene sedes en Lago Agrio y en Quito. En cualquiera de las dos, a Yanza y Fajardo, se los encuentra de casualidad.

Luis Yanza fue elegido presidente de la organización cuando, reconoce, “no tenía el más mínimo nivel de conciencia sobre lo que enfrentaba”. Solo aceptó, dice, porque el instinto de confrontación y lucha le vino así de nacimiento o, al menos, de crianza.

Desde los cinco años vivió en Morona Santiago  y ayudaba a su padre, Jacinto, en el cuidado del ganado sobre los pastizales que le arrendaban a los Shuar. “Me pasaba en su casa tomando chicha, en realidad los Shuar me criaron. La rutina era tomar chicha, ir a la cacería y aprender todas sus costumbres que son guerreras y rebeldes. Así me hicieron y menos mal que me hicieron así”.

Cuando las ganancias de la leche y el ganado no daban para más, su papá se dejó llevar por las noticias que anunciaban a Sucumbíos como la tierra soñada dentro del tercer mundo. A Luis lo dejó con los Shuar, pero solo hasta el 77 cuando ya lo obligó a ir para que esté junto con sus padres y sus 7 hermanos.

Desde su llegada, en agosto de ese año, ya casi Texaco se convirtió en su “rival”. La empresa, según recuerda Luis, regaba las carreteras con los residuos del crudo y “los hacía pasar como mantenimiento vial”. Así es que a él le chocó que el Oriente que lo siente tan suyo, pase de agua limpia y hojas verdes a “un aceite de olor fuerte y color negro. La primera visión que tuve de Lago Agrio fue la de un pueblito pequeño de tonos oscuros. Me pareció un panorama terrible aquel que llamaban de pujanza económica”.

A Pablo Fajardo le pasó casi igual. También se movilizó con su familia desde su natal Manabí hasta Esmeraldas, en busca de formas de subsistencia y como no las encontraron pasaron a Shushufindi, en Sucumbíos. Allá aspiraban a sobresalir y cuando llegaron se dieron cuenta de que “la familia seguía siendo grande (10 hermanos) y la comida muy chica”.

Como Pablo no había conocido la región Oriental, a él lo impresionó el estado en que vivía la gente incluso que dependía del petróleo. É fue uno de ellos. Después de haber sido despedido de una empresa pamicultora, del colegio y hasta de la Iglesia, pasó a ser un “misceláneo de empresas petroleras, que significaba encargarse de limpiar tuberías y un sinnúmero de derrames”.

Como él, habían muchos “mal comidos, mal pagados y maltratados. Todo mal”, dice entre risas y añade que desde que en su vida entró el petróleo no hay oro que brille, ni mujer que lo aguante. En el primer caso porque por más que vivió a 500 metros de la principal central de Texaco, solo respiraba el gas de los hidrocarburos, incluso mientras estudiaba a distancia para ser abogado. Y en el segundo caso, porque desde que es el defensor legal de los afectados afirma que no tiene tiempo para nada.

Estos ecuatorianos que empezaron como líderes comunitarios y son ahora los ganadores del “Nobel verde” Goldman Prize por el medio ambiente. Además, de ser los héroes anónimos de la cadena norteamericana CNN, pero los ídolos con nombre y apellido de una población a cuyos habitantes, sin discriminación de edad han visto morir. (Redacción Verde y Azul, con datos de Ecuenlace)

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